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( Editorial )
¿Deportivo o sicológico?

Nuevamente pasamos de la alegría a la tristeza, de la emoción a la frustración, de casi "tocar el cielo" a volver a vivir el infierno de la desazón y salir con las manos vacías, cuando parecía que nos íbamos a quedar con el premio mayor.
Hago referencia a la final del fútbol colegial en la que Georgia Bulldogs se enfrentaba en casa al favorito Alabama Crimson Tide. Un Mercedes Benz Stadium "a reventar" que hasta Trump "asomó las narices", pero nada pudo cambiar la historia.
En menos de un año volvimos a vivir la sensación inexplicable que queda cuando se tiene casi asegurado un título y se esfuma como "por arte de magia", primero fue Atlanta Falcons ante los Patriots de New England y ahora Georgia ante Alabama.
Los comentaristas deportivos no encontraban calificativos para esta nueva derrota y la llegaron a calificar hasta de "devastante" y no solo era suficiente mirar los rostros de los jugadores sino observar la tristeza en las tribunas y la rabia y desconsuelo que se notó en los lugares públicos que transmitieron el partido y contaban con mayoría de fanáticos de Georgia.
Pero más allá del resultado, vale la pena analizar que en ambos casos el aspecto sicológico primó sobre el deportivo y las coincidencias en marcador y posterior remate de los partidos dejan ver que hay muchas cosas por mejorar que están más en la cabeza que en lo técnico, táctico o físico.
Hemos visto en repetidas ocasiones como atletas que levantan los brazos antes de cruzar la meta son rebazados en ese instante y pierden la carrera por celebrar antes de tiempo y algo similar parece que le ha sucedido a los deportistas de Georgia.
No hay una explicación lógica para que un equipo que dominó la primera mitad y se  fue a los vestuarios con un marcador amplio de 28-3 como los Falcons en el Super Bowl, termine perdiendo el partido y tirando por la borda todo el trabajo de una temporada.
Cuando los jugadores, antes de terminar el partido, empiezan a pensar en cómo será la celebración, en la fiesta, en los contratos futuros, en la tribuna, lo que pasa es que se desconcentran y terminan dando ventajas que el rival aprovecha.
Estoy seguro que tanto con los Falcons como con los Bulldogs el intermedio del juego tenía que ser más para fortalecer la parte mental que para planear jugadas en el campo, porque la tarea en la cancha se estaba haciendo bien, prueba de ello era la ventaja en los marcadores, pero el trabajo del coach en esos casos es aterrizar a los soñadores, poner las cosas en orden, dar el aliento final e insistir en que la concentración es más importante que cualquier otra cosa en ese momento.
No eran más los Patriots que los Falcons en lo deportivo, ni era Alabama más que Georgia, pero en ese remate de los partidos es cuando se conoce la fortaleza mental de los deportistas, la capacidad para superar las adversidades y el no rendirse por ningún motivo ni dar por perdido el juego antes del pitazo final.
Lo bueno del deporte es que da revanchas constantemente, pero estoy seguro de que lo vivido por Falcons y Bulldogs tiene que servir de ejemplo para que nuestros niños aprendan lo importante de estar concentrados dutrante toda la competición, de no celebrar antes de conseguir la victoria y no pensar que el rival ya está liquidado porque el marcador es amplio a nuestro favor.
Dolorosas lecciones, pero el tiempo dirá si las apendimos o seguiremos siendo campeones del casi y los eternos segundones.

Por: Henry Higuita






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